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Edades del hombre 2009 en Burgo de Osma. 02
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Edades del hombre 2009 en Soria Burgo de Osma
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visto el relámpago que rasga el Oriente y fustiga hasta Occidente la negrura del aire.
Pero Jesús no ha leído únicamente en la clara y coloreada escritura del mundo. Sabe que Dios ha ha- blado a los hombres por medio de los Angeles, de los Patriarcas y de los Profetas. Sus palabras, sus leyes, sus victorias están escritas en el Libro. Jesús conoce los maravillosos caracteres con los cuales los muertos transmiten a los no nacidos los pensamientos y las memorias de los tiempos antiguos. No ha leído más que los libros en que sus ascendientes han escrito la historia de su Pueblo, pero los conoce en la letra y en el espíritu mejor que los doctores y los Escribas, y le darán derecho a trocarse de escolar en maestro.
El Hebreo fué entre los pueblos el más feliz y el más infeliz. Su historia es un Misterio que empieza con el idilio del Jardín de las Delicias y acaba en la tragedia de lo alto del Calvario.
Sus primeros padres fueron amasados por las manos luminosas de Dios y hechos dueños del Paraíso —país de fértil y perpetuo Estío entre Ríos apacibles—, donde pendían los frutos del rico Oriente, de pulpa carnosa, a la sombra de las hojas nuevas, al alcance de la mano. El Cielo, fresco por la reciente hechura, iluminado hacía pocos días, no manchado aún por las nubes, no herido aún por los rayos ni consumido por los ocasos, velaba sobre ellos con todas sus estrellas,
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Los dos debían amar a Dios y amarse: éste fué el Primer Pacto. Ni fatiga, ni dolor; ignorada la muerte y su miedo.
La primera desobediencia trajo un primer castigo: el Destierro. El Varón fué condenado al trabajo; la Mujer al parto. El trabajo es penoso, pero da el premio de las cosechas; el parto es penoso, pero da el consuelo de los hijos. Con todo, también estas felicidades inferiores e imperfectas pasaron rápidas, como hojas devoradas por las orugas.
El Hermano mató por primera vez a su Hermano; la sangre humana vertida sobre la tierra se corrompió y (exhaló olor de pecado. Los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres, y nacieron los Gigantes, cazadores feroces, violentos y homicidas, que hicieron del mundo un Infierno sangriento (1).
Entonces Dios mandó el Segundo Castigo: para purificar la tierra, en un inmenso Bautismo ahogó, en las aguas del Diluvio, a todos los hombres con sus delitos. Uno solo, por ser justo, se salvó, y. con él hizo Dios el Segundo Pacto.
Comenzaron con Noé los antiguos tiempos felices de los Patriarcas, pastores errantes, jefes centenarios, que vagaban entre Caldea y Egipto en busca de pastos, de pozos y de paz. No tenían patria estable, ni casa, ni ciudades. Llevábanse con
(1) Nos hemos permitido modificar el texto del autor, que dice: "Las hijas de los hombres se unieron con los demonios", pues se trata de una evidente equivocación. Lo que el Génesis dice (6, 1-2) es que los hijos de Dios (los descendientes de Seth) se unieron con las hijas de los hombres (descendientes de Caín). Tampoco afirma claramente el texto hebreo que de aquellos matrimonios naciesen los gigantes; según muchos intérpretes, el autor sólo consigna el hecho de la existencia de los gigantes, sin explicar la causa.—(N. de los E.)
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Sultán que quiere ser servido por sátrapas de alto linaje y está atento a que sus siervos, respeten hasta en lo más mínimo la rigurosa etiqueta ritual de la regia curia.
Cristo sabía, como Hijo, que Dios es Padre, Padre de todos los hombres, y no sólo del pueblo de Abraham.
El amor del esposo es fuerte, pero carnal y celoso; el del hermano está frecuentemente envenenado por la envidia; el del hijo, manchado tal vez de rebelión; el del amigo está manchado de engaño; el del amo, henchido de orgullosa condescendencia. Pero el amor del padre a los hijos es el perfecto Amor, el puro, desinteresado Amor. El padre hace por el hijo lo que no haría por ningún otro. El hijo es obra suya, carne de su carne, hueso de sus huesos; es una parte suya que ha crecido a su lado día tras día; es una continuación, un perfeccionamiento, un complemento de su ser; el viejo revive en el joven; lo pasado se mira en lo futuro; quien ha vivido se sacrifica por quien debe vivir; el padre vive para el hijo, se complace en el hijo, en el hijo se contempla y exalta. Cuando dice criatura, piensa en sí creador; aquel hijo le ha nacido en un momento de voluptuosidad, entre los brazos de la mujer escogida entre todas las mujeres; le ha nacido del dolor divino de esta mujer; le ha costado después lágrimas y sudores; le ha visto crecer entre sus pies, a su lado; le ha calentado las manecitas frías entre las suyas; ha oído su primera palabra---eterno milagro siempre nuevo---; ha visto sus primeros pasos vacilantes sobre el pavimento de su casa; ha visto poco a poco, en aquel cuerpo formado por él, florecido bajo sus ojos, brillar, manifestarse un alma—una nueva
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alma, tesoro único que con nada se compra—; ha sorprendido en su rostro cómo se repetían poco a poco las facciones propias y, juntamente, las de su esposa, las de la mujer con la cual sólo en aquel fruto común se hace un mismo ser sin más división de cuerpos—la pareja que quisiera en el amor ser un solo cuerpo y solamente lo consigue en el hijo—; y ante aquel nuevo ser, obra, suya, se siente creador, benéfico, poderoso, feliz. Porque el hijo lo espera todo del padre, y mientras es pequeño sólo tiene fe en el padre y únicamente está seguro junto al padre. El padre sabe que debe vivir para él, sufrir por él, trabajar para él. El padre es como un dios terrestre para el hijo, y el hijo es casi un dios para el padre.
En el Amor del padre no hay huella de los cumplidos y de la costumbre del Hermano, del cálculo y de la emulación del Amigo, del lascivo deseo del Amante, del fingido afecto del Servidor. El Amor del padre es, en lo humano, el más puro Amor, el solo Amor, verdaderamente Amor, el único que se puede llamar Amor; libre de toda mixtura de elementos extraños a su esencia, que es la felicidad de sacrificarse por la felicidad ajena.
Esta idea de la paternidad debidamente aplicada a Dios—que es una de las grandes novedades del Evangelio de Cristo—; esta idea profundamente confortadora de que Dios es Padre y nos ama como un padre ama a sus hijos y no como un Rey a sus Esclavos, y da a todos sus hijos el pan de cada día, y acoge placentero incluso a los que pecaron cuando vuelven a apoyar la cabeza sobre su pecho; esta idea que cierra la épica de la Antigua Alianza y señala el principio de la Nueva Alianza, la ha visto
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Jesús en la Naturaleza misma. Como Hijo de Dios y una sola esencia con el Padre, siempre había tenido conciencia de esa paternidad, apenas entrevista por los profetas más luminosos; pero ahora, participando de todas las experiencias humanas, la ve reflejada y como revelada en, ,el universo, y empleará las más bellas imágenes del mundo natural para transmitir a los hombres, el primero de sus faustos mensajes.
Jesús, como todos los grandes espíritus, amaba el Campo. El Pecador que quiere purificarse, el Santo que quiere orar, el Poeta que quiere crear, se refugian en las montañas, a la sombra de los árboles, al rumor de las aguas, en medio de los prados que perfuman el cielo o en los arenales desiertos abrasados por el sol. Jesús ha tomado su lenguaje del Campo. Casi nunca emplea palabras doctas, conceptos abstractos, términos incoloros y generales.
Sus discursos estarán engalanados con los colores, saturados de los olores de los campos y de los
huertos, .animados por las figuras de los animales familiares. Ha visto en su Galilea el higo que engorda y madura bajo las grandes hojas obscuras, ha visto verdear los pámpanos sobre los secos sarmientos de las vides y pender de los sarmientos los racimos rubios y morados para alegría de los vendimiadores; ha visto elevarse, de la invisible semilla, la mostaza rica de ramas ligeras; ha oído por la noche el murmullo lamentoso de la caña batida por el viento a lo largo de los arroyos; ha visto sepultar bajo la tierra el grano que resurgirá en forma de colmada espiga; ha visto, al llegar la primavera, los hermosos lirios rojos, amarillos y morados en medio del tímido verde del trigo, ha vis-
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to el césped de hierba fresca que hoy se ostenta magnífica, y mañana, ya seca, arderá en el horno.
Ha visto las bestias pacificas y las bestias malas; la paloma que arrulla de amor sobre el techo, un tanto envanecida de su cuello esplendoroso; las águilas, que se precipitan con las amplias alas desplegadas sobre la presa; los pájaros del aire, que no pueden caer como los emperadores, si Dios no quiere; los cuervos que descarnan con el pico hiriente la carroña; la gallina amorosa que llama a los polluelos bajo sus alas, apenas el cielo se ennegrece y truena; la zorra traidora que, después de haber hecho estragos, se esconde en la oscuridad de su guarida; los perros que husmean bajo la mesa del amo para engullir los desperdicios y huesecillos que caen al suelo.
Y ha visto deslizarse a la serpiente entre la hierba oscura y a la víbora esconderse entre las piedras mal unidas de las tumbas.
Nacido entre Pastores. y para ser Pastor de hombres, ha contemplado y amado a las ovejas; las ovejas madres que buscan al cordero perdido, a los corderos que lloran, débiles, tras de sus madres; que maman casi escondidos bajo el lanoso vientre materno; las ovejas que triscan por los pastos áridos y calientes de sus colinas. Ha amado con igual amor el grano que apenas si se ve sobre la palma de la mano y la vieja higuera que cobija a su sombra toda la casa del pobre; a los pájaros del aire, que no siembran ni cosechan, y a los peces, que platean las mallas de la red y saciarán a sus fieles. Y, levantando los ojos, en las tardes sofocantes en que se engendra la borrasca, ha visto el relámpago que rasga el Oriente y