martes, 27 de octubre de 2009

Edades del hombre 2009 04

Traigo el cuarto y ultimo vídeo de Edades del hombre 2009

Edades del hombre 2009 04 from ERNESTOBZ on Vimeo.

Edades del hombre 2009 04

lunes, 26 de octubre de 2009

Edades del hombre 2009 03

Traemos el tercer vídeo de Edades del hombre 2009


Edades del hombre 2009 03 from ERNESTOBZ on Vimeo.

Edades del hombre 2009 03

Edades del hombre 2009 02

Traemos aqui el segundo vídeo de las Edades del hombre 2009



Edades del Hombre 2009 02 from ERNESTOBZ on Vimeo.

Edades del hombre 2009 en Burgo de Osma. 02

domingo, 25 de octubre de 2009

Edades del Hombre 2009 01

Traemos aqui un video tomado del DVD oficial de las Edades del Hombre 2009.

Edades del Hombre 2009 01 from ERNESTOBZ on Vimeo.

Edades del hombre 2009 en Soria Burgo de Osma

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Embajador de Cristo 012




Traemos las páginas 66 y 67 de la Historia de Cristo, de
Giovanni Papini

Página 66 GIOVANNI PAPINI

visto el relámpago que rasga el Oriente y fustiga hasta Occidente la negrura del aire.

Pero Jesús no ha leído únicamente en la clara y co­loreada escritura del mundo. Sabe que Dios ha ha- blado a los hombres por medio de los Angeles, de los Patriarcas y de los Profetas. Sus palabras, sus leyes, sus victorias están escritas en el Libro. Jesús conoce los maravillosos caracteres con los cuales los muertos transmiten a los no nacidos los pensamientos y las memorias de los tiempos antiguos. No ha leído más que los libros en que sus ascendientes han escrito la histo­ria de su Pueblo, pero los conoce en la letra y en el espíritu mejor que los doctores y los Escribas, y le darán derecho a trocarse de escolar en maestro.

LA ANTIGUA ALIANZA

El Hebreo fué entre los pueblos el más feliz y el más infeliz. Su historia es un Misterio que empieza con el idilio del Jardín de las Delicias y acaba en la tra­gedia de lo alto del Calvario.

Sus primeros padres fueron amasados por las ma­nos luminosas de Dios y hechos dueños del Paraíso —país de fértil y perpetuo Estío entre Ríos apaci­bles—, donde pendían los frutos del rico Oriente, de pulpa carnosa, a la sombra de las hojas nuevas, al al­cance de la mano. El Cielo, fresco por la reciente he­chura, iluminado hacía pocos días, no manchado aún por las nubes, no herido aún por los rayos ni consu­mido por los ocasos, velaba sobre ellos con todas sus estrellas,

HISTORIA DE CRISTO. Página 67

Los dos debían amar a Dios y amarse: éste fué el Primer Pacto. Ni fatiga, ni dolor; ignorada la muerte y su miedo.

La primera desobediencia trajo un primer castigo: el Destierro. El Varón fué condenado al trabajo; la Mujer al parto. El trabajo es penoso, pero da el pre­mio de las cosechas; el parto es penoso, pero da el consuelo de los hijos. Con todo, también estas felici­dades inferiores e imperfectas pasaron rápidas, como hojas devoradas por las orugas.

El Hermano mató por primera vez a su Hermano; la sangre humana vertida sobre la tierra se corrompió y (exhaló olor de pecado. Los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres, y nacieron los Gigan­tes, cazadores feroces, violentos y homicidas, que hicieron del mundo un Infierno sangriento (1).

Entonces Dios mandó el Segundo Castigo: para pu­rificar la tierra, en un inmenso Bautismo ahogó, en las aguas del Diluvio, a todos los hombres con sus delitos. Uno solo, por ser justo, se salvó, y. con él hizo Dios el Segundo Pacto.

Comenzaron con Noé los antiguos tiempos felices de los Patriarcas, pastores errantes, jefes centenarios, que vagaban entre Caldea y Egipto en busca de pas­tos, de pozos y de paz. No tenían patria estable, ni casa, ni ciudades. Llevábanse con


(1) Nos hemos permitido modificar el texto del autor, que dice: "Las hijas de los hombres se unieron con los demonios", pues se trata de una evidente equivocación. Lo que el Génesis dice (6, 1-2) es que los hijos de Dios (los descendientes de Seth) se unieron con las hijas de los hombres (descendientes de Caín). Tampoco afirma claramente el texto hebreo que de aquellos matrimonios naciesen los gigantes; según muchos in­térpretes, el autor sólo consigna el hecho de la existencia de los gigantes, sin explicar la causa.—(N. de los E.)


viernes, 25 de septiembre de 2009

Embajador de Cristo 011

Traemos hoy las páginas 62, 63, 64 y 65 de la Historia de
Cristo de Giovanni Papini. En ellas se describe de manera
deliciosa las relaciones de amor de un padre a su hijo y de
un hijo a su padre.

Página 62 GIOVANNI PAPINI

Sultán que quiere ser servido por sátrapas de alto li­naje y está atento a que sus siervos, respeten hasta en lo más mínimo la rigurosa etiqueta ritual de la regia curia.

Cristo sabía, como Hijo, que Dios es Padre, Padre de todos los hombres, y no sólo del pueblo de Abraham.

El amor del esposo es fuerte, pero carnal y celoso; el del hermano está frecuentemente envenenado por la envidia; el del hijo, manchado tal vez de rebelión; el del amigo está manchado de engaño; el del amo, henchido de orgullosa condescendencia. Pero el amor del padre a los hijos es el perfecto Amor, el puro, des­interesado Amor. El padre hace por el hijo lo que no haría por ningún otro. El hijo es obra suya, carne de su carne, hueso de sus huesos; es una parte suya que ha crecido a su lado día tras día; es una continuación, un perfeccionamiento, un complemento de su ser; el viejo revive en el joven; lo pasado se mira en lo futu­ro; quien ha vivido se sacrifica por quien debe vivir; el padre vive para el hijo, se complace en el hijo, en el hijo se contempla y exalta. Cuando dice criatura, piensa en sí creador; aquel hijo le ha nacido en un momento de voluptuosidad, entre los brazos de la mujer escogida entre todas las mujeres; le ha nacido del dolor divino de esta mujer; le ha costado después lágrimas y sudores; le ha visto crecer entre sus pies, a su lado; le ha calentado las manecitas frías entre las suyas; ha oído su primera palabra---eterno milagro siempre nuevo---; ha visto sus primeros pasos vacilantes sobre el pavimento de su casa; ha visto poco a poco, en aquel cuerpo formado por él, florecido bajo sus ojos, brillar, manifestarse un alma—una nueva

HISTORIA DE CRISTO Página 63

alma, tesoro único que con nada se compra—; ha sor­prendido en su rostro cómo se repetían poco a poco las facciones propias y, juntamente, las de su esposa, las de la mujer con la cual sólo en aquel fruto común se hace un mismo ser sin más división de cuerpos—la pareja que quisiera en el amor ser un solo cuerpo y so­lamente lo consigue en el hijo—; y ante aquel nuevo ser, obra, suya, se siente creador, benéfico, poderoso, feliz. Porque el hijo lo espera todo del padre, y mien­tras es pequeño sólo tiene fe en el padre y únicamente está seguro junto al padre. El padre sabe que debe vivir para él, sufrir por él, trabajar para él. El padre es como un dios terrestre para el hijo, y el hijo es casi un dios para el padre.

En el Amor del padre no hay huella de los cum­plidos y de la costumbre del Hermano, del cálculo y de la emulación del Amigo, del lascivo deseo del Amante, del fingido afecto del Servidor. El Amor del padre es, en lo humano, el más puro Amor, el solo Amor, verdaderamente Amor, el único que se puede llamar Amor; libre de toda mixtura de elementos ex­traños a su esencia, que es la felicidad de sacrificarse por la felicidad ajena.

Esta idea de la paternidad debidamente aplicada a Dios—que es una de las grandes novedades del Evan­gelio de Cristo—; esta idea profundamente confortadora de que Dios es Padre y nos ama como un padre ama a sus hijos y no como un Rey a sus Esclavos, y da a todos sus hijos el pan de cada día, y acoge pla­centero incluso a los que pecaron cuando vuelven a apoyar la cabeza sobre su pecho; esta idea que cierra la épica de la Antigua Alianza y señala el principio de la Nueva Alianza, la ha visto

Página 64 GIOVANNI PAPINI

Jesús en la Naturaleza misma. Como Hijo de Dios y una sola esencia con el Padre, siempre había tenido conciencia de esa pater­nidad, apenas entrevista por los profetas más lumi­nosos; pero ahora, participando de todas las expe­riencias humanas, la ve reflejada y como revelada en, ,el universo, y empleará las más bellas imágenes del mundo natural para transmitir a los hombres, el pri­mero de sus faustos mensajes.

Jesús, como todos los grandes espíritus, amaba el Campo. El Pecador que quiere purificarse, el Santo que quiere orar, el Poeta que quiere crear, se refu­gian en las montañas, a la sombra de los árboles, al rumor de las aguas, en medio de los prados que per­fuman el cielo o en los arenales desiertos abrasados por el sol. Jesús ha tomado su lenguaje del Campo. Casi nunca emplea palabras doctas, conceptos abs­tractos, términos incoloros y generales.

Sus discursos estarán engalanados con los colores, saturados de los olores de los campos y de los

huertos, .animados por las figuras de los animales familiares. Ha visto en su Galilea el higo que engorda y madura bajo las gran­des hojas obscuras, ha visto verdear los pámpanos sobre los secos sarmientos de las vides y pender de los sarmientos los racimos rubios y morados para ale­gría de los vendimiadores; ha visto elevarse, de la in­visible semilla, la mostaza rica de ramas ligeras; ha oído por la noche el murmullo lamentoso de la caña batida por el viento a lo largo de los arroyos; ha visto sepultar bajo la tierra el grano que resurgirá en forma de colmada espiga; ha visto, al llegar la primavera, los hermosos lirios rojos, amarillos y morados en medio del tímido verde del trigo, ha vis-

HISTORIA DE CRISTO Página 65

to el césped de hierba fresca que hoy se ostenta magnífica, y mañana, ya seca, arderá en el horno.

Ha visto las bestias pa­cificas y las bestias malas; la paloma que arrulla de amor sobre el techo, un tanto envanecida de su cuello esplendoroso; las águilas, que se precipitan con las amplias alas desplegadas sobre la presa; los pájaros del aire, que no pueden caer como los emperadores, si Dios no quiere; los cuervos que descarnan con el pico hiriente la carroña; la gallina amorosa que llama a los polluelos bajo sus alas, apenas el cielo se enne­grece y truena; la zorra traidora que, después de ha­ber hecho estragos, se esconde en la oscuridad de su guarida; los perros que husmean bajo la mesa del amo para engullir los desperdicios y huesecillos que caen al suelo.

Y ha visto deslizarse a la serpiente entre la hierba oscura y a la víbora esconderse entre las piedras mal unidas de las tumbas.

Nacido entre Pastores. y para ser Pastor de hom­bres, ha contemplado y amado a las ovejas; las ove­jas madres que buscan al cordero perdido, a los corde­ros que lloran, débiles, tras de sus madres; que maman casi escondidos bajo el lanoso vientre materno; las ovejas que triscan por los pastos áridos y calientes de sus colinas. Ha amado con igual amor el grano que apenas si se ve sobre la palma de la mano y la vieja higuera que cobija a su sombra toda la casa del po­bre; a los pájaros del aire, que no siembran ni cose­chan, y a los peces, que platean las mallas de la red y saciarán a sus fieles. Y, levantando los ojos, en las tardes sofocantes en que se engendra la borrasca, ha visto el relámpago que rasga el Oriente y


martes, 22 de septiembre de 2009

Embajador de Cristo 010

Traemos las páginas 60 y 61 de la Historia de Cristo de
Giovanni Papini

Página 60 GIOVANNI PAPINI

La casa del Rey, la casa de Dios; el Herrero templa y tuerce el hierro para dar la espada al soldado, la reja al labrador, el martillo al carpintero; el Carpintero sierra y clava la madera para construir la puerta que proteja la casa contra los ladrones, para fabricar el lecho sobre el cual morirán ladrones e inocentes.

Estas cosas simples, ordinarias, comunes, usuales, tan usuales, comunes y ordinarias que ya no se ven, que pasan inadvertidas hoy para nuestros ojos, avezados a más complicadas maravillas, son las más sencillas creaciones del hombre, pero más maravillosas y necesarias que. todas las demás inventadas después.

El carpintero Jesús vivió en su juventud en medio de todas estas cosas, y las fabricó con sus manos, y por medio de estas cosas hechas por él entró en comunión con la vida diaria de los hombres, con la vida íntima y sagrada de los hombres: la de la casa. Fabricó la mesa, a la cual es tan placentero sentarse con los amigos aunque haya entre ellos un traidor; el lecho donde el hombre respira la primera y la última vez; el cofre en que la esposa campesina guarda sus pobres trapos, los delantales y pañuelos de las fiestas y las blancas, estiradas camisas del ajuar; la artesa donde se amasa la harina y la esponja la levadura hasta que está dispuesta para el horno; el asiento en que los viejos, por la noche, se ponen en torno del fuego a hablar de la juventud que no ha de volver.
. Muchas veces Jesús, mientras las virutas claras y ligeras se rizaban al filo de la garlopa y el aserrín caía en tierra al áspero ritmo de la sierra, debió

HISTORIA DE CRISTO Página 61

pensar en las promesas del Padre, en los anuncios de los Profetas, en un trabajo que no fuera de tablas y escuadra, sino de espíritu y verdad.

El oficio le enseñó que vivir significa transformar las cosas muertas e inútiles en cosas vivas y útiles; que la materia más vil, trabajada y reformada, puede llegar a ser preciosa, amiga, socorredora de los hombres; que para salvar, en suma, es menester cambiar, y que del mismo modo que de un retorcido tronco de olivo, nudoso y terroso, se obtiene el lecho del niño y de la esposa, se puede hacer del sórdido usurero y de la desventurada mujerzuela dos ciudadanos del Reino de los Cielos.

PATERNIDAD

En la Naturaleza, donde el sol ilumina a los buenos y a los malos-, donde el trigo enraíza y se dora para dar el pan a la mesa del judío y del Pagano; donde las estrellas, resplandecen sobre la cabaña del pastor y sobre el ergástulo de los fratricidas; donde los granos de uva ennegrecen y engordan para dar vino al banquete de bodas y a la borrachera del asesino; donde los pájaros del aire, cantando libres, encuentran el sustento sin fatiga, y hasta las rapaces raposas encuentran refugio, y los lirios del campo están vestidos con más lujo que los reyes, Jesús halló la confirmación terrestre de su eterna certeza de que Dios no es el Amo que echa en cara mil años el beneficio de un día y tampoco un feroz dios de la guerra que ordena el exterminio de los enemigos, ni una especie de Gran Sultán que quie -

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