martes, 13 de mayo de 2008

ALEXIS CARREL



La conversión de Alexis Carrel




La conversión de Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina

Primero voy a contar el milagro que fue causa de la conversión de Alexis Carrel. Alexis Carrel era premio Nobel de Medicina, y era ateo; y quiso reírse de Lourdes. Fue allí a demostrar que lo de Lourdes era una patraña, que aquello era menti ra, que aquello era todo un fraude. Y así subió al tren de una peregrinación que iba a Lourdes.
He de decir primero que en Lourdes existe una Oficina Médica donde hay médicos, de todas las nacionalidades y de todas las ideologías, que estudian a los enfermos antes y después de salir. Existe un libro, que se titula Curaciones milagrosas modernas, escrito por el doctor Leuret, director de la Oficina Médica de Lourdes. En ese libro hay radiografías antes y después de los milagros, con las firmas de médicos que garantizan que estas curaciones instantáneas de ninguna manera se deben a la medicina. Personas que entran con es­tas radiografías y salen repentinamente curadas.
Pero sigamos con el caso de Alexis Carrel, pre­mio Nobel de Medicina y ateo. El iba a Lourdes a reírse. En el tren en el que iba, una enferma, que se llamaba Marie Ferrand Bayllie, se pone a morir. Piden un médico, y Alexis Carrel va a ver a aquella mujer que tenía, al parecer, una peritonitis. Alexis Carrel dice que esa mujer se muere, que esa mujer no llega a Lourdes. No hay nada que hacer. Está desahuciada. Sabía lo que tenía aquella mujer, y sabía que aquello era gravísimo. Entonces, de broma, dice:
-Bueno, si esta mujer se cura en Lourdes, entonces yo creería en Lourdes.
Dios le tomó la palabra. Aquella mujer llegó a Lourdes. Y ante los ojos atónitos de Alexis Carrel aquella mujer instantáneamente se cura de su enfermedad. El cumple su palabra y se convierte. Tiene un libro muy bonito, que se llama Mi viaje a Lourdes, donde cuenta su conversión. En este libro hay una oración muy bonita a la Virgen, en la que le da las gracias por haberle permitido presenciar aquel milagro maravilloso que le llevó a la fe.

No volvía a Lourdes desde el año 1958, centenario de las apariciones. Des-I pues, he seguido paso a paso los mi­lagros y las manifestaciones de fe y religio­sidad de que Lourdes es protagonista.

Como todo el mundo sabe, Lourdes es una ciudad francesa de los Altos Pirineos. En 1858 fue escenario de las apariciones de la Virgen a la que hoy es santa Bernadette Soubirous.

Al lado de la gruta de Nuestra Señora se construyó una grandiosa basílica en 1876, de estilo gótico. Más tarde, se construyó otra iglesia, llamada del Rosario, de estilo bizantino, en 1901. Junto a la gruta, brota la milagrosa fuente que llena las piscinas don­de se introducen los enfermos y bebemos en múltiples chorros las frescas aguas, llenan­do pequeños recipientes para llevarnos tan preciada reliquia.

Después de mi visita a Lourdes, conocí la vida y la obra del Premio Nobel de Me­dicina profesor Alexis Carrel, ejerciendo en Estados Unidos. Era necesario conocer su biografía, su conversión en Lourdes cuando acompañaba, incrédulo, como médico, a una expedición de enfermos. Tenía, enton­ces, especial cuidado con una enferma de

grado menoscabar esta actualidad inaltera­ble y permanente que es Lourdes. Ya lo di­jeron muchos: «Se advierte al punto que una disciplina interior modela aquí las al­mas».

peritonitis tuberculosa en estado preagó-nico. A aquella enferma, caquéxica, con el vientre hinchado, delante de la gruta de la Señora, se le fue bajando la dilatación ab­dominal y, levantándose, caminó sola ha­cia los pies de la imagen de la Virgen. El doctor Alexis Cairel fue testigo presencial de aquel milagro. La Medicina no podía ex­plicar aquello. Alexis Carrel escribió, en el puño de su camisa, la fecha de aquel día, para no olvidar lo que estaba ocurriendo y para estar seguro de la realidad, ya que to­do le parecía imposible, un sueño, porque él no creía. Y Alexis Carrel se convirtió. To­dos sus escritos, desde entonces, están im­pregnados de amor a Dios y a la Virgen. Le costó muchos disgustos. Su vida y sus li­bros son impresionantes: La incógnita del hombre, Viaje a Lourdes, etc.

Desde 1858, año de la aparición, jamás se ha visto abandonada esta gruta de Mas-sabielle, este Balcón de luz divina, esta gru­ta celestial del catolicismo, ni en los años turbios de las dos Grandes Guerras, ni en los años y días presentes de convulsiones y luchas económicas, de crisis políticas y de ideologías paganas. Nada ni nadie ha lo


grado menoscabar esta actualidad inaltera­ble y permanente que es Lourdes. Ya lo di­jeron muchos: «Se advierte al punto que una disciplina interior modela aquí las al­mas».

Volviendo a la conversión del Premio Nobel de Medicina profesor Alexis Carrel, copio esta bella oración del gran genio pio­nero de los trasplantes de órganos, y des­cubridor de la sutura de los vasos sanguí­neos, que escribió en su libro Viaje escribió en su libro Viaje a Lour­des:



«Virgen Santa, socorro de los desgra­ciados que te imploran humildemente, sálvame. Creo que Tú has querido responder a mi duda con un gran milagro. No lo com­prendo, y dudo todavía. Pero mi gran de­seo y el objeto supremo de todas mis aspi­raciones es ahora creer, creer apasionada­mente y ciegamente, sin discutir ni criticar nunca más. Tu nombre es más bello que el sol de la mañana. Acoge al inquieto pecador que, con el corazón turbado y la frente sur­cada por las arrugas, se agita corriendo tras las quimeras. Bajo los profundos y duros consejos de mi orgullo intelectual yace, des­graciadamente ahogado todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños: el de creer en Ti y de amarte como aman los mon­jes de alma pura».

Francisco Ruiz de la Cuesta

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